Sentimientos.

I

Nada es nada,

ni tu beso,

ni tu peso,

ni tu abrazo,

solo ocaso.

Nada es nada

cuando la puerta se cierra.

Venció la amistad. 

Yo quise amor.

II

Ha llovido tanto sobre nosotros amor,

que ahora que unas hojas de otoño

nos separan como árboles baldíos,

sigo sintiendo los latidos del adiós.

III

Anilina mefítica,

mientras muero, creo;

no puedo parar.

Pies gélidos,

manos exangües,

corazón perplejo,

mente soberana.

Impresas están

en la nada pasajera

los vocablos del bardo

que sufre el retardo

de las tinieblas mortales.

IV

Libre quedó,

aquello que nadie leyó,

aquello que nadie escuchó,

el rostro que nadie besó.

A nadie pertenece,

el recuerdo

de palabras olvidadas,

de amores perdidos,

de sonidos sordos,

de tiempo malgastado.

Que queden

libre de reclamo

el salmo entonado,

la caricia despreciada,

el consejo desoído,

la vida malograda.

V

Ríe promesas amargas,

delirio,

y entre llanto y llanto,

un quejío.

Llora violín

arranca lágrimas

al sordo,

canta entregado

el acorde sereno,

que sufra el hombre

lo que sabe el cielo.

Vuela al viento

sonido del tiempo;

sufre, rasga,

enloquece y …muere.

 

 

VI

Rasga el sol el cielo plateado

con sus cuchillos dorados

para romper el silencio,

despertando lo apagado.

Libere la deidad la alegría.

 

VII

Todo de nada,

la balanza cae.

Todo de todo,

el tiempo pasa.

Dejó vacío

el camino

y lleno el deseo.

Se embarraron

los pasos,

paró el brío.

 VIII

 

Labios mojados,

ahora secos.

La soledad acabó

matando las risas.

Sed de verdad, prisas.

La edad consumida.

Se borró la memoria.

Marchitose la vida.

Orfandad adquirida.

Cortejo del triste,

letanía abatida

que mi pecho

desecho justifica.

Nadie vence

a la muerte,

pero que dolorosa

es, la que no es tuya.

Otrora matriz

hoy cenizas.

Plañidera vanidosa

hieres hacendosa

con punzado afán

hasta que pagado

quede el olvido.

Sentido, forzoso

y preciso será el adiós

al pasado, para

agotar lo vigente

que se muestra

frígido, soterrado.

Murió mi amor.

IX

Y llegó el tiempo de las sombras,

de la lluvia, del invierno, de pagar

las deudas, de concluir las obras.

Y llegó el tiempo de rendir cuentas

a los dioses y a los muertos.

Y llegó el momento miserable

de las putas y los perversos.

No serás menos desgraciado

por no ser el único en sufrir,

aunque pretendas malvado

amortajar penoso el hado

con el dolor infinito

que dejas tras de ti.

 

X

 

¿Es la benevolencia indiscriminada

en el 'Nacimiento bendecido',

en el tiempo que nos acoge?

¿O eres tú, amigo mío

quien me adulas insensato?

Yo no merezco la gloria

que derrochas en profano.

Sea o no sea dichosa

viene otorgando parabienes

 a hombre menudo en palabra

que no en carácter, gratitud,

 

decencia, humor y  trato.

 

XI

 

 

Cielo gris, muerte de los castos.

La lluvia no limpia los deseos perversos,

el bufón del diablo atenebra su acto.

Espectro disoluto, perdulario protervo.

Cubre la sombra el teatro desolado

con su manto mentiroso y yermo.

Imperio de la conciencia recobrado

concede audiencia a los buenos.

Castiga dios protector de los mansos

el poder horrible del hombre ciego.

¡Oh vendetta! veneno azucarado,

placer del pobre; destruye, resurge,

consume, purifica, satisface libre.

¡Que llegue el vengador antes

de que se consuma el tiempo!

 

XII

 

 Volaba el alconcillo entre golondrinas

anhelando un requiebro atolondrado,

un planeo incurioso y sin providencia.

 

Voló el alconcillo con aire desesperado

los requiebros incesantes, los adornos 

sinuosos, que mas parecían ironía. 

 

Voló el alconcillo, mirando hacia el norte,

en despedida, sin pensamientos hostiles,

sin pretensión ni medida, soñando, sin ira.

 

Y aquellas golondrinas pequeñas y negras

siguieron como si nada, en su rutina,

que si 'coge un mosquito por aquí'

que si 'mira que bonito está el día'.

 

XIII

El reflejo de sus ojos

cae en el horizonte.

Quema el recuerdo

de sus besos.

El tiempo, pesada losa

que atrapa la soledad.

El páramo yermo 

medró para quedarse.

 

XIV

Tras esos ojos, tras esos pasos

ya desnudos de luz y verdad,

no queda más que arrojarme

a los acantilados del absurdo

como gaviota sin destino.

XV

Rodeado de gente

sintiendo con mayor

claridad un estruendoso

silencio y la soledad

de mi alma desnuda e irreversible.

En el sabor del silencio

que me impide descifrar

la ausencia de amor.

¿Acaso duermen los desiertos?

¿Acaso cesa el mar de navegar?

¿Acaso estoy solo?

Se escapan los deseos

entre los dedos de mis manos

y se llenan de arena seca

los bolsillos del tiempo.

Es el rumor del silencio.

Así como están las cosas

si eres la vida de mi vida

serás el remedio de mi muerte.

XVI

Susurra el murmullo del agua

que serpentea lenta su cuesta.

Respiro primavera que flota

en constante resurgir

tras los gorriones y su canto.

Y el son de la oveja

y la noche en bandeja

y la luna por venir.

Veo, oigo, respiro y huelo

(y así lo escribo) a ti.

XVII

 

Tan vivo como el olivo,

tan muerto como el peñasco.

Desatendido y furtivo

esperando un desencanto

desgarrado por no haber ido.

Camino o reviento.

 

XVIII

 

Acojo en mi seno

el deseo de tenerte

para oler tu cuerpo,

sentir tus labios,

soñar tus ojos,

morder despacio.

En la mirada la nada,

en la mente el destino,

el ido y el venido

y de pronto un click,

espuma azulada,

click, rocas verdosas mojadas,

click, el cielo cae en la tierra,

click, plata de mar violada,

click, las gaviotas planean,

click, mi espíritu arrancado.

Soy una presencia entre velas grises

al borde del acantilado como damas

suicidas que esperan su héroe orgulloso.

Soy un hombre que observa y aprende.

Una cruz sumergida en tu pecho

que me obliga a espiar los deseos,

apreciados atributos que me llaman

álgidos, expectantes, inalcanzables.

 

XIX

 

Veo los árboles

que adornan la montaña.

Veo las piedras

soportando la humedades.

Te veo abrazarme

como lo hacen las raíces.

Abre el cielo la boca

para dar sus colores,

ocres y rojizos primero,

anaranjados después.

Estira el mar los brazos

en liturgia agónica y perezosa,

con la sabiduría de siglos,

para arrancar colores al sol

para anunciar la paz de la noche.

 

XX

Te he buscado horas y horas junto a la luna

hasta que se cansó la vista de contar estrellas.

Te he soñado bajo el sol y en la mojada lluvia.

En las habitaciones de mi inmadurez voluntaria

y bajo la mesa de mis conocimientos primitivos

y bajo las sábanas blancas en danza, te busco.

Dulcemente, arropado en tu regazo,

empapando mis sentidos con tu olor,

entre plegarias de fe y amor,

rozando mis dedos por tu piel,

esperando que se detenga el tiempo,

buscando la eternidad.

Siempre te busco, y no te quiero encontrar.

 

XXI

Paseo bajo las nubes grises

del pasado atormentado

acompañado de los cuervos

de la omisión y el abandono,

esperando las primeras luces

que destruyan esta indigencia.

Caminar para no estar sólo,

para cosechar al dar consuelo.

XXII

 

Anegose el pasado con el deshielo

de las noches solitarias y negras.

Calmose la vida con sonidos

de primavera y el olor a mar.

Pasaron ya los días invernales,

las heladas mañanas sin aurora,

las largas noches que atormentan

mis horas, mis días, mis despertares.

Caliente el Sol las almas gélidas

para olvidar, para sentir, para soñar.

Vuelva el tiempo a ser

lo que era, algo pasajero.

 

 

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