Versos para María

Pintor: Marcos A. Cañada
Pintor: Marcos A. Cañada

 

 

 

 

 

               Con Cariño de tu Tío Juani.

LOS CABELLOS DE MARIA

 

Nuevas trenzas de oro serán segadas de los trigales,

si el céfiro traiciona los deseos de mi reina

desprendiendo sus cabellos para sembrarlos

en la constelación del león.

No arrancará la hija de Atlas tu lozano rostro

de mi memoria, azuzando el fuego de las estrellas

en las Targelias de Mayo.

Ni el mismo Apolo perdonaría el olvido.

No se extinguirá el fulgor de mi doncella

por la envidia de ningún Dios, sea o no griego.

Florecerá siempre; porque ese es el capricho de lo bello;

resurgiendo como el “buen fuego” en la hoguera sagrada

de las nueve maderas que los druidas encendieron.

Deseaba para sí, la esposa del Dios del trueno estos cabellos,

y los reyes; y los dioses; y los hombres; y los memos;

y gritarán tu nombre reclamando al firmamento

que las luminares les concedan el Fuego de Prometeo.

 


                                                                                                       Juan Fco. Cañada

LA PIEL DE MARIA

 

Oh, tersura nívea que adorna sin recelo los pétalos sonrojados.

Oh, sedosa manifestación de la lisura perfecta;

codiciada por la mismísima Venus.

Concedida la dicha de asentir para siempre ante tus deseos

si la merced de la caricia es el pago que se otorga

al pobre que ama la hermosura, al artista que soslaya

la burla de una peca, de una mácula, de tu embeleco.

Como la criada entre las flores,

“Princesa Yakami” de piel graciosa y perfumada,

fruición de los cerezos en flor que cabalgan a lomos

de las cumbres nevadas del Fujiyama,

sólo tu “Principe Onamuji” gozara de la dicha de tus favores,

de la nobleza del detalle, del premio de una sonrisa,

del consuelo de una mirada, del galardón suspirado;

porque, sólo el guerrero de la bondad,

es merecedor de palpar con júbilo la exquisita pureza.  

 

 

                                                                                        Juan Fco. Cañada

 

LOS OJOS DE MARÍA

 

Envueltos en la nacarada espuma,

que con delicada dulzura muestra al mundo

en redondeada perfección,

las turquesas que Neptuno dispone en su paleta

para colorear las playas de los mares cristalinos,

se alzan cual banderas de la patria los colores de tus ojos.

Dos trozos de eternidad, encargados al viento,

que con inusitada y excelsa maestría extrajo

del mas bello y recóndito lugar de los glaciares,

para esculpirlos en el invierno y colocarlos en tu rostro

haciendo de ellos primavera de las gentes.

Escondidos tras la intermitencia juguetona del aleteo,

que las hebras de tus pestañas forman cual cisnes negros,

se asoman arrogantes en sublime inmensidad los “ojos del tiempo”;

engarzados en el cristalino por la inspiración del artista divino,

mostrados al mundo con la fuerza gentil y serena de la inocencia;

como la loba blanca que se declara dueña de algo único.

                                                                                             Juan Fco. Cañada 

 

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