Nuria y Jaime, indigentes.

 

 

No es un grito sordo,

es un atronador vagío

el que rasgado y perdío

se confunde en la alborada

pacífica de las flores.

Desaparece el frescor,

mortifica la luz y el sol,

y obliga a que suscriba

su pacto de no agresión.

 

Cubre solicita amante

nuestras testas desnutridas

con ideas empobrecidas,

con desdenes malparíos.

Cubre la melancolía

con una frazada sombría,

con una calmada mentira

que nos tape, que nos guarde,

que aísle nuestro destierro

para convertir encierro

en libertad anodina.

 

Este patio colorido,

este vergel consentido,

que tu reclamas subido,

no es de nadie ¡señor mío!;

ni de perros, ni de amantes,

corredores o paseantes,

ni de viejas convencidas

o de niños delirantes.

Todos moran la mansión

con aquella pretensión

de que lo suyo no es tuyo.

Aquí me acoge la  noche

tras el día que he padecío,

aquí nos guarda la sombra

con preludio despedío.

“Déjame en paz imbécil”

que bastante desazón

quiebra la sinrazón

con que todos nos castigan.

 

“Ya no quedan culpas que sufrir,

ya no quedan burlas que soportar.

Esperar, un terminar, un fin.”

 

Es verano, “aquí mismo corazón”.

quiero caer fulminado

y recibir atención

de tu desinterés castigado

con alguien que pereció.

 

A mi lado ese  cuerpo calcinado,

que retoza en un cartón,

que dormita figura y huesos

en el jergón del olvido.

"¿Cómo puedo malherido

quererte con tanto amor?”

 

Mísero pretérito rancio

cargado en talega ilusa,

que ni perdona ni olvida.

Para que te necesito,

si enseñaste fue finito

o con vicios delirantes.

Timadora del camino

me borraste del sendero

en un trueque resentido.

 

He perdido la batalla

-tal vez he querido-

con el mundo, con el cielo,

con los seres, con el vino.

No supe matar al hombre

que con el crimen responde.

No supe amar mi suerte,

porque nunca la tuve.

 

Avive con  tea la hoguera

de la eutanasia antojada

pues antes que nacida murió

la condena tolerada.

No supe luchar ni quise

contra el adulterio ingrato

que con delicia y lozano

me premió con 'sin futuro',

con 'sin presente', sin Hado.

 

Lapidando lo heredado,

malgastando lo que tengo

fue mi cerebro palmando

envolviendo la mortaja

en sucesión de difuntos

y bruñendo al moribundo

sin escatimar mentira,

consentiste,  Bendecida,

a quien en duelo perdido

viste galán 'biennacido';

y no  un simple maleante.

 

Ciega de todo rencor

y con las manos vacías

de censura, de porfía,

ni lloraste ni codicias,

tan sólo sé que acaricias

la maldición y el tormento

que el amor no va por fuera

sino que lo llevas dentro.

 

Demos calor al desprecio,

demos plantón enemigo

ocultando todo acecho,

sin consuelo ni pertrechos.

Indigentes vemos ira

en la sociedad perdida,

que sin sabor y en conjura

no ve seres, sino espectros.

 

Al viento dama podrida

que susurra cuando pasa.

Al pairo me lo trae fresco,

la señora y el sarasa,

lo que digas, lo que hagas.

Y los que nos hurtan deseos,

y lo poco que tenemos.

Y los que prometen magia,

y el que sólo trae deseos.

Y los que harían y no hacen,

y los que rechazan por nada.

Todo me importa poco

por no decir, credo falta.

 

Dedicado a todas esas personas que sufren la indigencia.

Con dolor  y lágrimas.

 

 

     

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