Marco Meridio Kanae, un hermano, un amigo.

No estaba despojado el Palatino de sus bosques y sus pastos

y ya eran consciente Jano y sus hijos de que serías para Roma

y sus ciudadanos gran amigo y mejor hermano Marco Meridio Kanae.

 

No estaban la Legiones bajo mando y las guerras declaradas

y ya supieron los que vestían la paenula escarlata que eras digno

tanto de aguantar el embiste de la viti como de manejarla.

 

No marcaron nuestros antepasados las lindes del Pomerium sacro

y ya el Primer Hombre de Roma auguraba que tu valía y tu entrega

lo encumbrarían a lo más coronado de la curia de patres y concripti.

 

 

Quién exige a un ciudadano bienquisto acarrear cantaros de agua,

quién manda perseguir carneros salvajes para esquilarlos a su protector,

quién pretende que un salvador de Roma, un hermano de sangre,

hurte el honor de sus camaradas para venderlo cual Caco.

 

Rieron los dioses al ver la simpleza de hombres y princeps,

desconocidos que engrandecían sus horas con proclamas,

nigromantes blandiendo sus miserias, acólitos esperanzados

que solicitan de su alter ego una bendición que los engrandezca,

envidiosos seres oscuros que pretenden alcanzar con ignominia

lo que el porta en sus músculos y sus huesos, tatuado en el alma.

 

“Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano”

 

Tú eres mi amigo, Hermano.

 

Juan Fco. Cañada

 

 

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